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Sí a los noviazgos libres de violencia

Sí a los noviazgos libres de violencia

[Editorial]

25 Nov 2018 | Vos y el mundo

A lo largo del mes de noviembre invitamos a nuestras lectoras a enviarnos sus experiencias, testimonios y reflexiones sobre la violencia en el noviazgo. Son historias de dolor y de tristeza, pero también de superación y de aprendizajes que pueden ayudarte a detectar situaciones similares en tu entorno o en tus propios vínculos.

El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer es una jornada para reflexionar sobre todas aquellas situaciones violentas o injustas que vivimos las mujeres por el solo hecho de nuestro género.

Hay violencias más visibles que otras y hay violencias que suceden en distintos ámbitos de nuestras vidas. En Harta decidimos centrarnos este año en la violencia en el noviazgo, pero no queríamos solo hablarte de este problema: queríamos escuchar lo que vos tenías para decir.

Algunas lectoras nos mandaron testimonios conmovedores, fuertes, resilientes. A ellas les agradecemos por la sororidad y la valentía de poner en palabras experiencias que quizás puedan ayudar a muchas otras mujeres.

¿Por qué violencia en el noviazgo?

Porque la adolescencia es la etapa en la que probablemente inicies relaciones sexo-afectivas con alguien y es importante que tengas información para detectar posibles vínculos tóxicos o violentos.

El noviazgo, como toda relación, te involucra con otra persona en niveles íntimos. Es un vínculo que se sustenta en emociones que no siempre se pueden controlar y que pueden nublarte la vista a situaciones en las que, sin darte cuenta, empezás a perder autonomía, autoestima, libertad y felicidad.

Construir relaciones sanas y compañeras con otra persona es lo mejor que puede pasarte, pero el mundo en el que vivimos ha construido un imaginario del amor romántico que es sumamente peligroso, porque habilita a situaciones tóxicas como los celos, el control de la pareja, la dominación, la humillación, incluso la violencia física.

“Nunca me pegó”

Está claro que una agresión física en el noviazgo es violencia. Pero las relaciones violentas se pueden construir sobre otras muchas actitudes y acciones que tienen un impacto similar sobre la autoestima, la felicidad y la integridad de una persona.

S. G. enumeró algunas situaciones que vivió en carne propia y que le costó ver como violencia, porque su pareja nunca la había agredido físicamente y porque con el tiempo aprendió que “violencia no es solamente que te peguen o te amenacen de muerte”.

Nunca me pegó, pero me decía que si no lo celaba no lo quería. Nunca me pegó, pero muchas veces me dijo que estaba gorda sabiendo que yo tomaba antidepresivos que me hacían engordar. Nunca me pegó, pero me gritaba y me insultaba si hablábamos de cosas que él no compartía. Nunca me pegó, pero siempre me arruinaba fechas que sabía que eran importantes para mí. Nunca me pegó, pero me hizo elegir entre él y mi familia. Nunca me pegó, pero me alejó de todas mis amistades y controlaba quiénes me seguían y dejaban de seguir en redes sociales. Nunca me pegó, pero nos fuimos de vacaciones y me gritó cosas horribles delante de sus padres por no querer jugar al fútbol. Nunca me pegó, pero me hizo sentir mal por no querer tener relaciones con él en varias oportunidades.

Eso no se llama amor

“Viví y sobreviví”

Las relaciones sexuales deberían tener siempre como punto de partida el consenso. Cuando una de las partes no quiere tener sexo o realizar determinada práctica sexual, lo que sucede si la otra parte lo fuerza es una violación. Sí, hay violaciones en el noviazgo.

G. B. lo sufrió en carne propia a los 14 años. Años después, siente que “a esa edad sos muy maleable, te pensás que la tenés muy clara, pero al tiempo la vida te cachetea y te das cuenta de que no”. Por primera vez logró poner en palabras su experiencia y compartirla con Harta.

“Te dejo cortar el teléfono si mañana hacés un intento”, me dijo a las 2 a. m. de un día de semana. Con “hacés un intento” se refería a soportar el dolor que me generaba intentar tener sexo anal. Fue el precio que puso para que yo pudiera cortar el teléfono e ir a dormir, 5 o 6 horas antes de que me sonara la alarma para ir al liceo. Al otro día solo pude taparme la cara con la almohada para que mi familia en la otra habitación no escuchara mi llanto de dolor mientras él intentaba inútilmente cumplir su fantasía. “Jodete, por prometer cosas dormida”, pensé, y me castigué a mí misma, una y otra vez..

Cómo identificar una relación violenta

Lamentablemente, es común que las víctimas de violencia se culpen a sí mismas; es importante que sepas que cuando estás en un vínculo donde la otra persona te violenta nunca, nunca, jamás se puede justificar por nada que hayas dicho o hecho. Podés aprenderlo de la peor manera, es decir, sufriendo un noviazgo violento, pero también podés empezar a convencerte de esto con información y con algún tipo de asesoramiento psicológico, si sentís que lo precisás.

Cómo identificar una relación violenta

Los vínculos violentos en el noviazgo no solo ocurren en parejas heterosexuales. El testimonio de R. G. sobre su relación con otra chica tiene similitudes con los testimonios anteriores, como el haberse sentido obligada a tener sexo en ocasiones o el haberse aislado de algunas amistades por su relación.

Los celos aparecen en el testimonio de R. G. como algo que le costó percibir como tóxico. ¿Por qué? Porque de alguna manera se sentía especial porque “tenía alguien pendiente de mí las 24 horas del día”. El problema es que no solo los celos son tóxicos, sino que dan lugar a violencias como la invasión de la privacidad de la otra persona.

Tenía necesidad de saber mis contraseñas y muchas veces me pidió que tuviera Whatsapp web para poder leer mis mensajes. En Instagram yo tenía un correo diferente y cuando me hackeó la cuenta y la cerró, exploté.

Estar en pareja no quiere decir convertirse en uno solo: cada persona tiene derecho a sus espacios de intimidad, de privacidad, de actividades independientes de la pareja. Los noviazgos sanos son formados por dos seres individuales que deciden amarse y compartir sus vidas, pero de ninguna manera pueden exigir renunciamientos.

¿Por qué contar las historias de violencia?

Leyendo todos estos testimonios, puede ser que te hayas preguntado: ¿por qué estas chicas se animaron a contar esto? Te dejamos que lo leas en sus propias palabras:

Hoy en día puedo decir que lo logré, que tengo vínculos sanos, que estoy con la persona correcta y que entendí que el amor puede ser muchas cosas, pero nunca sinónimo de violencia. Por eso escribo esto, porque yo puedo contarlo, porque yo no fui un caso de los que sale en la tele todos los días. Porque es importante reconocer estas situaciones antes de que sea tarde, porque todo esto pasa sin que una se dé cuenta y porque todas tenemos que poder salir.

S. G.

Necesito que todas las chicas que están pasando por una situación similar entiendan que no es sano. Cuando salís de esa burbuja de toxicidad el mundo te abruma y, si tardás demasiado, te perdés a vos misma, y encontrarte lleva tiempo, pero la buena noticia es que se logra. No están solas, por más que así lo sientan y una voz en sus cabezas les diga que nadie más va a quererlas y que todo se va a solucionar, no se merecen pasar por algo así. Todas son demasiado valiosas y sus vidas son demasiado valiosas para desperdiciarlas con personas así.

R. G.

Ilustración: Cecilia

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