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El mundial: ¿una oportunidad para construir otra masculinidad?

El mundial: ¿una oportunidad para construir otra masculinidad?

[Opinión]

10 Jul 2018 | Conversemos

Cada cuatro años sucede uno de los eventos deportivos que congrega mayor cantidad de público. Este 2018 el mundo entero mira hacia Rusia: los propios y ajenos, las más o las menos feministas, los más y los menos hinchas, los que piensan que es una fiesta y los que sostienen que es pan y circo. A nadie le es ajeno el Mundial de fútbol masculino.

Más allá de si nos gusta o no este deporte, debemos reconocer el impacto que tiene un evento de este calibre. Por eso, creo que es inteligente valerse de lo positivo que nos dejan los eventos masivos y usarlo en favor de causas nobles. ¿A qué me refiero con esto?

Aún hay mucho por cambiar

No es ninguna novedad que el fútbol es un espacio machista. De hecho, ¿sabés cuándo y dónde se juega el Mundial de fútbol femenino? Capaz que sí, pero es probable que no. Esto es porque siempre se le dio especial énfasis a la disciplina llevada adelante por hombres y nosotras hemos sido desplazadas de este deporte.

Todas hemos escuchado más de una vez que el fútbol es cosa de varones y que las mujeres no sabemos nada. Y nosotras ya sabemos que eso no es así: RE sabemos la ley de offside y cuándo es tiro de esquina y cuándo es saque de arco, pero igual parece que tenemos que seguir dando pruebas y pruebas sobre nuestro interés por el fútbol.

Los tiempos están cambiando

De todos modos, de un tiempo a esta parte hemos ido ocupando algunos espacios. La selección de Croacia es un buen ejemplo, ya que tiene una jefa de equipo desde hace seis años. Iva Olivari es la encargada de la logística de esa selección desde el 2012, pero en el mundial del 2014 no le permitieron sentarse en el banco de suplentes, donde sí pudieron estar los otros 31 jefes de selecciones. En este Mundial, Iva por fin pudo ocupar su lugar. ¡Qué alegría por este logro feminista!

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El proceso de la selección uruguaya

Más arriba decía que es importante aprovechar los sucesos que generan que el mundo se paralice para, justamente, hacerse eco de lo positivo que nos dejan. Por ejemplo, la selección uruguaya se hace notar más allá de lo relacionado con el plano deportivo: todos hablan de su humildad y su trabajo en equipo; se resalta aquello de no celebrar solo los triunfos, sino de aprender a ser felices en el camino.

Nosotras, además, pudimos observar algo muy positivo para nuestra lucha: el camino hacia la construcción de nuevas masculinidades alejadas del modelo tóxico. En las celebraciones, pero mucho más en las derrotas, pudimos ver a un grupo de amigos. Hombres que se abrazan, se besan, se tocan. Pudimos ver a algunos hombres llorando y a otros conteniendo a sus amigos en el llanto.

Si comparamos el comportamiento de nuestros jugadores con el de algunos integrantes de otras selecciones, vemos que los abrazos en general suelen ser de lejos, distantes, fríos y finalizados con ligeros golpecitos en la espalda. Esto remarca una conducta de macho heterosexual, conducta que solo ellos necesitan que quede clara hacia un afuera que no se los reclama. En nuestra selección vimos hombres siendo hombres, más allá de su sexualidad, demostrando que se puede querer al otro, abrazarlo y darle un beso en la felicidad enorme del triunfo. O levantarlo del piso, secarle las lágrimas y darle fuerzas para seguir en el dolor de la derrota.

El fútbol solo es fútbol —¿o no?—, pero la construcción de las nuevas masculinidades es responsabilidad de los hombres. Hoy, en todas las escuelas y liceos del mundo hay millones de niños que juntan figuritas del Mundial. En este momento hay millones de niños jugando a ser Suárez, Godín, Josema… Entonces, hagamos que el Mundial sea una hermosa excusa para cambiar el mundo.

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