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Lucía Romero

Hoy te presentamos: Lucía Romero

29 May 2018 | Hoy te presentamos

Esta nota pertenece a una serie de entrevistas a mujeres músicas uruguayas. Conocelas todas acá.

Lucía canta, toca el piano y la trompeta, compone y hace danza contemporánea. Le fascina el sonido como fenómeno, es una curiosa incurable y cree en la vinculación entre cuerpo y música. ¡Te invitamos a conocerla!

¿A qué te dedicás?

Hoy por hoy me dedico enteramente a la música, aunque en diferentes formas. Lo más importante para mí es tocar, aunque no necesariamente es mi mayor ingreso. Estoy en la banda Franny Glass en teclados, trompeta y voz, y también con mi proyecto personal, que por ahora se llama Nunca y que lo estoy armando. Lo voy a presentar en un par de meses, pero en mi casa, frente a mi familia y amigos (¡que me van a aplaudir seguro!).

Además doy clases de canto, que es una cosa que me encanta y me enseña mucho, especialmente a pensar qué es escuchar y cómo escucho. También hago danza contemporánea y ahí encontré un lugar para empezar a componer. Es otro universo, porque se explora más lo sonoro, que escapa un poco de lo que conocemos típicamente como música. Desde ese lado estoy investigando y componiendo bastante; me interesa la composición en el plano del espacio y también el sonido como fenómeno, más allá de lo musical.

¿Cómo te metiste en la música?

Mi influencia más temprana fue mi mamá, que toca la guitarra y canta. Crecí viéndola y de a poco empecé a pedir mi lugar. Tuve la suerte de que ella siempre apoyó todo lo que yo tuviera ganas de hacer, así que fui probando varios instrumentos, aunque en algunos no logré permanecer. Mi primer instrumento fue el canto y al día de hoy siento que es mi seguridad, un lugar donde sé que respondo. Empecé cantando zarzuela en el grupo en el que participaba mi mamá y luego me puse a estudiar canto y a cantar también en otros grupos. Más al final de la adolescencia empecé a aprender piano y trompeta, porque sentía la necesidad de componer, y para hacer una canción no me bastaba solo con la voz.

Un tránsito interesante el de la zarzuela a la música indie…

¡Sí! Es un proceso de crecimiento y de aprendizaje, empezar a preguntarse: “¿esto me gusta a mí?”. Salirse de aquello que se te presentó en tu casa y buscar el sonido que te atraiga y te interese a vos. Esas son puertas que se te abren, pero después vos tenés que abrir tus propias puertas, buscar lo que te copa. Por ejemplo, estaba todo bien con la zarzuela, pero un día escuché un blues de Etta James y supe que quería cantar eso. Es fácil ver qué les gusta a los demás y satisfacer eso, pero hay algo valiente en decir: “a mí me gusta esto otro”.

¿Y cómo ingresaste al mundo de la danza?

En la danza me metí gracias a una amiga, ya de grande. Necesitaba algo que me conectara con la música pero sin “pensar”, desde otro lado. Al principio me costó, porque ¡no hay nada más difícil que hacer bailar a un músico! Fuera de broma: es increíble cómo desligamos el cuerpo de la música, cuando sin el cuerpo no hacemos música, cuando el estado del propio cuerpo influye en cómo hacemos música. Ahora practico en Taller Casarrodante y estoy metiéndole más al lado de la composición, y de talleres y residencias de jóvenes creadores.

¿Cómo es ser mujer en la música?

Las mujeres en la música somos minoría; de hecho, en las bandas en que he tocado, siempre soy la única mujer. Como vocalistas es donde hemos ocupado más lugares. No sufrí el machismo como un ataque contra mí personalmente, pero eso no quiere decir que no haya. Sucede porque la sociedad es así y la música replica esa estructura. Se ve siempre: cuando una mujer habla fuerte o seria, hay nervios en el ambiente, hace ruido, no gusta. Eso no pasa cuando se trata de un hombre. Yo tengo carácter fuerte y, si me enojo, enseguida quedo seria. El otro día eso me ganó que me trataran de “pinchuda” (risas).

Una cosa que tuve que aprender fue a darme mi lugar, a saber que soy igual, a no verme como más débil. Eso es lo que el mundo nos tiende a decir, entonces hay que esforzarse en generar confianza en una misma y dejar de tirarse para abajo. No es fácil, porque el mundo nos exige mucho a las mujeres, y eso hace que seamos demasiado autoexigentes, al punto de que perdemos la confianza y seguridad. Creo que hay que laburar en eso, pensar “yo puedo”, plantearse por qué nos exigimos tanto y ver que valemos tanto como el otro.

¿Qué más has aprendido gracias a la música?

¡Pila de cosas! Se aprende todo el tiempo. Por un lado, vengo aprendiendo que está buenísima la necesidad de buscar, pero que en algún momento hay que parar y hacer. Es importante detenerse y ver que lo que sos ya está bueno; después siempre hay tiempo para crecer. Otra cosa que siento que estoy aprendiendo es a lidiar con el error y a asumirlo como parte de la existencia. Hay algo mágico en la música que se hace en conjunto; la mayor parte de los aprendizajes son humanos. He estado en toques en que he cometido errores que para mí eran espantosos y resulta que no fueron para tanto. Eso me llevó a ver que no soy tan importante: el show no cae porque cometa algún error. Somos un organismo, una máquina, funcionamos todos juntos.

¿Qué importancia tiene la práctica?

Es algo muy necesario. Hoy en día, en lo que más me dejo estar con el estudio es en la voz, pero solo porque ya tengo muchos más años de experiencia; los instrumentos los practico todos los días. Soy muy organizada y me armo mis rutinas, todos los días le dedico varias horas. Lo que intento, además de practicar, es aprender algo nuevo todos los días, irme a acostar pensando que ese día aprendí una cosa nueva que antes no hacía.

¿Qué les recomendarías a las gurisas que se quieran dedicar a la música?

Lo primero es que se animen. Una vez alguien de la música me dijo algo genial: para el que hace arte no hay nada más insignificante que el arte en sí. Una de las cosas más nobles que tiene el arte es que permite equivocarse y el mundo sigue girando. No “hay que” nada… no se necesita mucho, todo está ahí, es tomar la decisión de qué es lo que querés hacer y el resto es eterno.

Hay frustraciones, te podés topar con algún profesor o alguien que te diga que no servís para eso. Pero todo eso es ficción. Nadie tiene la capacidad de decirte qué podés hacer y qué no, solo vos. ¡Y a veces ni eso!, porque no sabés a dónde te va a llevar tu camino, lo elegís y le metés. Está bueno también recordar que el foco no es llegar a algo, sino conectar con lo que a vos te motiva hacer y no con lo que otros esperan que hagas.

Cin
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