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Julia Guerreiro

Hoy te presentamos: Julia Guerriero

Esta nota pertenece a una serie de entrevistas a mujeres músicas uruguayas. Conocelas todas acá.

ATENTI: Este artículo tiene lenguaje inclusivo*

Julia Guerriero es técnica en Gestión Cultural, mánager de Punkzer, baterista en Oreja Total y parte del sello discográfico independiente Entropía Records.

Para empezar, explicanos un poco a qué te dedicás.

Mi nombre es Julia. Soy técnica y actual estudiante de la licenciatura en Gestión Cultural del CLAEH. Dentro de la carrera encontré mi “especificación” en la música. Previamente tomé clases de batería y me embarqué en el viaje de tener una banda. De hecho, esa experiencia fue la que me ayudó a encontrar mi vocación profesional. Por otro lado, encontré mi lugar trabajando de mánager con una de mis bandas locales favoritas, y a raíz de ello me vinculé con el sello de música independiente de punk rock/hardcore melódico Entropía, en el que trabajo desde una pata organizacional (organizando el funcionamiento, encontrando equipos de trabajo para toques, produciendo shows). En síntesis, soy gestora cultural de proyectos musicales. Planifico, produzco, mandoneo y más.

¿Cómo llegaste hasta ahí? ¿Te interesaba la música desde chica?

A veces, cuando estamos tan contaminades por la vida y su ritmo, nos olvidamos de los procesos. Me parece importante remarcarlo, ya que estoy en este proceso de experiencias hace diez años. Muchas cosas cambiaron desde que empecé, y muchas otras fueron desmanteladas a medida que iba viviéndolas.

Todo empezó cuando tenía doce años y quería aprender batería. Este interés surgió de ver a Green Day en la televisión, banda norteamericana que hasta el día de hoy me vuela la cabeza. Así que se lo planteé a mi madre y encontramos un profesor. Cuando entré al liceo y se enteraban de que tocaba, por lo general nadie tenía una reacción natural. De hecho, eso me pasó por años. En el liceo me señalaban como “marimacho” y la cuestión baterística parecía ser un factor que lo fomentaba.

A los trece años empecé a salir. Encontré mi lugar, con gente que de alguna forma era más como yo. Mis salidas eran variadas, hasta que comencé a ir a toques. Empecé a escuchar Mandala, Punkzer, El Último de los Ramones: bandas de punk rock locales que en ese entonces tocaban con una frecuencia increíble. Más de una vez me tuvieron que meter por la puerta de atrás por ser menor. Encontré mi lugar, empecé a hablar con los músicos y a todos se les veía sorprendidos por el hecho de que tocaba. Eso me ayudó mucho, ya que el punk parte de una filosofía interesante del DIY (Do It Yourself) y, tanto en la escena local como en la internacional, había chicas que habían trascendido en bandas y en el género.

Cuando llegaron mis quince años, decidí renunciar a la idea de un viaje (la fiesta nunca estuvo entre mis opciones) y pedir mi primer set. La mayoría de la gente no entendía cómo no iba a viajar, o cómo no me emocionaba ni un pelo vestirme de blanco, llegar en limosina, etcétera. Hasta recuerdo algo realmente macabro: cuando las gurisas de mi liceo iban por los pasillos vendiendo sus “quince velas” como ventas de acciones de Wall Street.

A los diecisiete empecé mi primera banda en serio, Oreja Total. Por suerte tenía muches amigues hechos en mis años de toques, lo que hizo fácil la introducción en la escena. Pudimos tocar en varios escenarios, conocer lugares, como también embroncarnos, enojarnos entre nosotres. Fue una buena experiencia para tomar un rol de liderazgo; ahí fue donde entendí que mi vocación era gestionar y luchar por que las cosas pequeñas se hicieran gigantes. Sin inflarlas de aire: inflarlas de helio y corazón.

A los diecinueve empecé a estudiar Gestión Cultural y en ese punto de mi vida fue donde todos los episodios pasados que describí comenzaron a tener sentido entre sí. De repente, estoy armando mi tesis sobre bandas jóvenes y su posicionamiento en el mercado internacional. ¿Coincidencia? ¡No lo creo!

¿Cómo es el ambiente under para una música mujer?

Como música es algo difícil a veces. Además de haber encontrado en el under un lugar, también hay varios factores dicotómicos. Ser música y ser mujer no tiene que significar vestirse provocativa, maquillada. A mí eso sinceramente me importa un carajo, yo solo me baño antes de tocar (blandita, ¡buh!). Pero es verdad, me gusta ir cómoda, partiendo de que no me gustan las faldas para tocar.

Gonsebatte Fotografia

Lo que no me importa un carajo es el estereotipo: ni el de que la mujer música tiene que ser una modelo maquillada, ni que tampoco tenga que ser una despreocupada, o popularmente llamada “reventada”. Me quedo con que cada una sea feliz de la forma que sea. Lo que me molesta es que el estereotipo canónico se establezca de forma fuerte en el imaginario colectivo. Y que, si salís de eso, tengan la necesidad de catalogarte de forma distinta. Hermane, vengo a tocar. Juzgame como música, no por si tengo corrido el rímel, si estoy sudando o si tengo pelos en las piernas. Mirame el alma, no la cáscara.

Realmente, no me quiero meter en discusiones de género, qué es y qué no, qué significa ser mujer. Me parece que mujer es igual a diversidad, a libertad. Y cada mujer es única por tener los ovarios en su lugar y determinar qué es lo que quiere mejor para ella. O de qué forma ella se siente ella y cómo se siente cómoda.

¿Cómo es ser mánager de una banda de punk siendo mujer?

Y… no siempre es fácil. Partiendo de la base de que ser joven y ser mujer para las negociaciones no siempre es fácil por todo lo que conlleva. Creo que las mujeres a veces tenemos una sensibilidad característica un poco distinta a la del hombre. A veces somos mamamánagers, somos un poco contenedoras de más. En lo que respecta a mi caso, tengo una amistad con ellos. Eso ayuda a que las cosas sean fluidas. A veces admito que es algo difícil generar una voz fuerte. Lo bueno es que el punk admite desde sus antecedentes la figura femenina en su ecosistema. No se qué tanto como mánager, ya que esta nueva figura como rol transparente también es algo relativamente nuevo. Yo creo que hay que hacerse el lugar, siempre.

Antes de ser mánager, fui portera de shows por mucho tiempo y me pasaba algo parecido, hasta que la gente comenzó a verme con más frecuencia en las puertas y se fue haciendo la idea, por más cara de bulldog que les pusiera cuando me pedían descuentos para las entradas.

Es un trabajo que, al menos en Uruguay, se está formalizando cada vez más, y por suerte hay muchos casos de mánagers y productoras fuertes que están trabajando hace mucho tiempo. Saliendo un poco del género, se me ocurren Lea Bensasson (Ruben Rada, Fernando Cabrera), Lucía Montero (Achicken Producciones, La Vela, NTVG) y Pilar Mora (trabaja en Bluzz Live, como también con Hablan Por la Espalda, AFC, La Tabaré).

¿Por qué te parece que hay tan pocas bandas con integrantes mujeres?

Hay muchos factores. Me parece que el primero es lo estandarizada que está la figura de la mujer en la música. Por lo general, se ve a la mujer como cantante, y a lo sumo pegando algunos rasgueos en la guitarra. Creo que es algo direccionado, al menos en Uruguay. Creo que cuesta mucho entender que a una le puede gustar la música, pero que no quiere caer necesariamente en ese rol. Acá lo importante es hacer lo que quieras, más allá de ser lo que seas: tener la libertad de poder elegir sin generar una reacción frente a ello.

No sé si me explico; me parece que las mujeres también pueden elegir un instrumento “de hombre”, como por mucho tiempo estuvo estandarizada la batería. O bailar al ritmo de un bajo, incluso elegir un instrumento de viento. Mi punto es que hay algo que tiene que ver con hábitos y tradiciones, y que direccionan mucho las decisiones. ¿Y qué pasa si no todas somos buenas cantando o en las cuerdas? ¿No podemos dedicarnos a la música entonces? Partiendo también de que para hacer música no es necesario ser les mejores en ello. Es una disciplina que se practica con constancia y perseverancia, y eso es una regla que trasciende géneros.

Otro factor que se me ocurre, luego de las concepciones colectivas, es el aval de la actividad artística en casa. En este país estamos sumamente atrasades en este tema; se sigue viendo al bachillerato artístico como “la opción de los vagos”. Vamos, seamos sinceres: ¿no te ha pasado en casa que a tu hermano siempre lo dejan salir a altas horas y a ti te controlan más? ¿O tenés amigas que viven esta situación? No quiero ser una aguafiestas, pero imaginate si esto pasa con las salidas, cuánto pasa con las actividades/hobbies. O peor, cuando querés que tu “hobby” sea tu decisión de vida. Además, las chicas bailan, los chicos son deportistas. Es fácil, ¿no? Creo que también como factor tenemos estas presiones sociales. En casa, en la escuela, en los liceos, en los círculos.

Siempre por buscar algo distinto se te va a señalar. Tomes la decisión que tomes, estamos en una sociedad vigilante y opinóloga sobre la vida de les demás. Creo que, para las chicas, cada decisión en su vida siempre va a ser más compleja por estas y otras razones que están vinculadas a las problemáticas de género. Y, lamentablemente, la música como manifestación cultural recae y se contamina por estas presiones.

¿Algún consejo que quieras darles a las chicas que sueñan con hacer música?

Peleen por sus sueños, meramente por ustedes. Crean en cada fibra de su ser. Es una lucha complicada; las primeras decisiones no siempre van a ser apoyadas por sus seres querides, compañeres o amigues. Pero, a medida que vayan remarcando que pueden hacerlo, el resto se dará cuenta de lo estúpido que fue creer lo contrario. Quiéranse, ámense, sean las personas que quieran ser. Tomen clases, júntense con gente a tocar, pregunten, duden. Ahorren, compren sus instrumentos, ensayen, dedíquenle tiempo. No están solas.

En esta lucha no solo estamos nosotras, también los chicos. Estamos peleando para que se dejen de escuchar palabras como “marimacho” y “maricón”. Entiendan que el arte es una salida, la música en especial.  Y siempre va a tener un lugar para ustedes. Ese lugar es suyo chiques, ¡a por ello!

* El lenguaje inclusivo busca eliminar el neutro masculino que existe en el español: aunque haya solamente un hombre incluido, dejamos el todas para decir todos. Para esto, eliminamos el género de una y usamos siempre la letra “e”: todes, amigues, elles, nosotres. Si querés saber más de este tema, hacé clic acá

Rory B.

Fan de Harry Potter, los tatuajes y los gatos. Científica joven con el alma en el interior y el cuerpo en Montevideo. Aún no puedo decidir qué me gusta más: el té o el café.

Fotografía principal: Juan Hernández Zuccolini

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