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Harta lectura: más allá del romance

Harta lectura: más allá del romance

Uno de los prejuicios más grandes acerca de la literatura juvenil es que siempre gira en torno a un romance. En general, se los pinta como romances instantáneos, superficiales y a veces hasta tóxicos. Por supuesto, vos y yo sabemos que no es así (aunque los haya). De hecho, hay un montón de novelas juveniles que se centran en otros aspectos de la vida de los personajes, mientras que el romance es inexistente o secundario. Hoy vamos a hablar de algunas de ellas.

Emmy & Oliver, de Robin Benway

A pesar de que el título parece indicar lo contrario, el tema principal de esta novela no es una pareja, sino la relación de amistad entre estos dos —más allá de que pueda o no convertirse en algo más—. Emmy y Oliver eran mejores amigos pero, cuando eran niños, el papá de Oliver se lo llevó y nunca más lo volvieron a ver. Los que quedaron atrás debieron lidiar con todo lo que eso implica, como la sobreprotección de los padres de Emmy y la tristeza de la madre de Oliver.

Pero ahora Oliver volvió, y los personajes tienen que enfrentarse a todos esos años de ausencia e incertidumbre. La relación entre Emmy y Oliver, pero también entre estos con sus amigos y sus familias, toma el papel central. Además, los diálogos son muy creíbles y divertidos, y la novela se lee rapidísimo, sin ser superficial. Queda recomendadísimo.

No hay besos sin hierbabuena, de Ariadna Espino

Ante todo, estamos frente a una historia sobre la familia, viajar y lo difícil que es vivir en un país que no es el tuyo.

Claudia viaja a Estados Unidos para escapar de la sofocante relación con su madre; se instala en la casa de su hermana y, cada tanto, visita a su hermano. Ambos emigraron buscando una vida mejor, pero también huyendo un poco de su madre, por lo que entienden a Claudia.

Esta novela se centra en los lazos familiares, conocerse a una misma y sanar. Todo a través de una narración preciosa y delicada, muy sensible. Que la portada no te engañe.

Todo lo inesperado, de Morgan Matson

Esta es una novela ideal para el verano, pero no por ser ligera o divertida —que lo es—, sino porque justamente transcurre en esos meses y es lo suficientemente larga como para que acompañe las vacaciones. En ella, Andie tiene que enfrentarse a grandes cambios en su vida, cuando ella en realidad tenía todo planificado. Eso la lleva a reprogramar su verano: conseguir un empleo paseando perros, pasar más tiempo con su padre, salir con sus amigas.

Todas actividades en apariencia cotidianas, pero que despacito despacito se van hilando para lograr que nuestra protagonista rompa un poco su coraza, aprenda a quererse a sí misma y empiece a aceptar la pérdida de su madre. Ideal para quienes aman sumergirse en una historia larga y llena de personajes adorables.

El año que el mundo se vino abajo, de Clare Furniss

Este quizás tiene un tono un poco más triste que los demás, porque se centra en el año que sigue a la muerte de la madre de Pearl, la protagonista. Además, su mamá estaba embarazada, así que ahora Pearl tiene que adaptarse a su vida actual, con su padrastro y su hermana recién nacida, a la que no quiere nada. Por si fuera poco, el fantasma de su madre se le aparece de vez en cuando y pone su mundo de cabeza.

Durante la novela, seguimos a Pearl en su proceso de superación de esta pérdida, y a veces hasta nos podemos llegar a enojar por cómo trata a su padre o sus amigos, pero también podemos sentir empatía por sus emociones, por su enojo y su tristeza. Es un libro muy cortito, pero también intenso.

¿Prejuicio superado?

Sofi Aguerre
Leo, escribo, reseño, corrijo y traduzco. Hago muchas cosas y me quejo de que no tengo tiempo. Fan del otoño, el té, los gatitos y las cosas brillantes.

Ilustración: Clara

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